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#Cultivos

La fresa en Uruguay ante un cambio silencioso (y decisivo)

Resultados reales de agricultores usando nuestro sistema de canal metálica

Durante muchos años, el cultivo de fresa en Uruguay siguió un patrón prácticamente inalterable: producción en suelo, alta dependencia de la mano de obra y resultados muy condicionados por problemas sanitarios y climáticos.

Hasta fechas recientes, más del 90 % de la fresa nacional se producía de este modo, asumiendo como inevitables las pérdidas por enfermedades radiculares, la irregularidad en los rendimientos y el elevado consumo de agua y fertilizantes.

La hidroponía existía, pero de forma marginal. Algunos productores experimentaban con soluciones improvisadas —canales básicos, sustratos caseros a base de arena o cáscara de arroz— sin un control real del drenaje ni del entorno radicular. Aquellos intentos, lejos de consolidar el sistema, reforzaban la idea de que el cultivo sin suelo no era fiable en el contexto uruguayo.

Cuando la teoría se convierte en resultados

Ese escenario empezó a cambiar en 2021, cuando un productor decidió dar un paso distinto: implantar un sistema hidropónico elevado diseñado específicamente para producción profesional, con materiales durables y un enfoque técnico claro. El proyecto arrancó con 15.000 plantas, en invernaderos tipo macrotúnel, una estructura mucho más adaptada al clima local que otros sistemas colgantes importados que no habían funcionado en la región.

La diferencia no tardó en hacerse visible. No se trataba solo de cambiar el soporte del cultivo, sino de controlar lo que realmente marca la productividad: la raíz. El nuevo sistema permitió eliminar acumulaciones de agua, reducir drásticamente la presión de patógenos y homogeneizar el desarrollo de las plantas desde el inicio del ciclo. Cinco años después, ese primer ensayo se ha convertido en un modelo replicado.

Más superficie, más plantas, mejores números

Actualmente, distintos productores trabajan ya con más de 16.000 m² de fresa en hidroponía, sumando alrededor de 160.000 plantas en producción, con previsiones claras de superar las 200.000 en la próxima campaña. Este crecimiento no responde a una moda ni a un efecto demostración puntual, sino a una ecuación muy sencilla: los números cierran.

Los productores destacan varios factores clave:

1. Incremento real del rendimiento por planta.
2. Fruta más uniforme y con mejor presentación comercial.
3. Mayor vida poscosecha, fundamental para grandes superficies y venta directa.
4. Menor manipulación en cosecha y poscosecha.

Mejores precios de venta, que en algunos casos alcanzan valores muy superiores a los habituales en cultivo tradicional.

El factor decisivo: controlar la raíz para ganar eficiencia

El salto productivo se explica por el control del entorno radicular. Los sistemas elevados bien diseñados permiten que el sustrato se mantenga aislado de superficies problemáticas, favorecen un drenaje continuo y limpio, y hacen posible la reutilización del agua de drenaje en otros cultivos.

Esto se traduce en un ahorro tangible de agua y fertilizantes, una nutrición más precisa y una reducción significativa de tratamientos fitosanitarios. El impacto económico es directo: menor coste de producción y una amortización más rápida de la inversión inicial, incluso en un contexto de costes crecientes.

Tecnología, sí, pero también acompañamiento

Otro elemento clave en este proceso ha sido el enfoque integral del proyecto. Los productores no solo incorporaron un sistema de cultivo, sino una forma de trabajar basada en el acompañamiento técnico continuo, la experiencia real en producción y el respaldo durante todo el ciclo de inversión.

Desde el diseño inicial hasta la puesta en marcha, pasando por el seguimiento agronómico y el apoyo en la preparación de proyectos para financiación bancaria, este modelo ha reducido uno de los mayores frenos a la tecnificación: la incertidumbre.

Un nuevo escenario para la fresa en Uruguay

Hoy, incluso muchos de los agricultores que inicialmente dudaban del cultivo sin suelo reconocen que el modelo tradicional tiene cada vez menos margen. La escasez de mano de obra, su baja productividad y las exigencias del mercado han acelerado un cambio de mentalidad que ya parece irreversible.

La hidroponía profesional no es una alternativa experimental. Es una herramienta estratégica para producir más, con mayor estabilidad y utilizando menos recursos.

Este caso real demuestra algo fundamental: no todas las soluciones hidropónicas son iguales. Cuando el diseño, los materiales y el conocimiento técnico se alinean, los resultados dejan de ser una promesa y se convierten en una ventaja competitiva clara.

Y en Uruguay, esa transición ya está en marcha.

La fresa en Uruguay ante un cambio silencioso (y decisivo)

Información

  • Av. Juan Carlos I, Murcia, Spain
  • Hydroponic Systems